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ESTOY AQUÍ - OTRA VEZ

26.7.18

Pues nada, aquí estoy año y medio después de la última entrada publicada. 

Fueron meses complicados enero y febrero de 2017, no solo porque estaba en una ruinosa situación económica (qué bonito es hacer teatro sin cobrar casi, los castings y ser tratada como un filete de carne) sino porque empezaba a hacerse complicado verme hablando tanto de mi ECM. Primero Sistiaga, luego Risto y mejor no os digo quién me llamó hace poco para ir a su plató y soltar las mismas morbosidades que muchos quieren: "estuve muerta". ¡Oh, cómo vende eso! 

Fueron meses horribles porque murió Rikar. 

Una de las noches más bonitas y extrañas de enero, cuando estrenamos "Callar y quemarse" (proyecto precioso y de luchadores, no queda otra más que guerrear) salí del teatro confundida, siempre juzgándome, ¿había dado lo bastante de mí a esa madre o había creado a una madre desde la pose y no desde el pathos? ¿había atravesado suficiente su dolor mis cimientos llegando al público o solo era un trabajo enmascarado de insuficiencias? No estaba contenta del todo, pero tenía una cosa muy clara y es que en la escena más difícil, con el camposanto, la paloma de marfil y el lecho de tierra... me había desangrado y había dado toda mi verdad. Habíamos sido generosos entre nosotros, nos habíamos entregado a la escucha.

No sabía nada, no sabía que él no había podido venir porque ya no estaba, no sabía que mi mensaje "luego te llamo" no iba a poder ser. 
El lecho de tierra y el camposanto. 
Rikar ya no estaba y dejé de respirar, todo se apagó, los colores daban igual, los abrazos, el ruido, todo era circunstancial y ajeno. 
"Aquí todos hacemos lo que podemos", me dijo una vez hablando de algunas dificultades de actuar delante de la cámara. "¿Quieres un poco de té?" "Ese cuadro pareces tú, a ver, es un burruño pero ya me entiendes". 
Su chaqueta marrón.
Le echo de menos. 

No puedo poetizar mucho esto, ni quiero. Es lo que es. Una mierda.

Me fui. Porque ya no podía más. También porque a algunos no nos queda otra que el trabajo asalariado y podía hacerlo en el lugar donde quería reconciliarme con mi bloqueo cardíaco, Ibiza.

Volví allí y fue difícil, como suele serlo empezar de cero y sumando las problemáticas de una isla sobreexplotada donde lo primero es el turista y luego ya, si eso, el residente, el trabajador y esa gente de segunda que, según parece, nos tenemos que conformar con el "es lo que hay". Aprendí mucho de la calidad humana de personas que saben hacer comunidad, amotiné* asesoré legalmente a trabajadores y me dedique diariamente a que mi entorno revisara sus actitudes machistas (y esto sí que no está pagado, pero no me rindo aunque esté muy cansada). 

Viví para trabajar y tengo muchas anécdotas que contaros, porque si la atención al cliente es ya de por sí una fuente de historias, en Ibiza es para verlo por una cámara oculta. Mi mayor aspiración era tener unos minutos donde poder tumbarme entre mil almohadones blancos, junto a un jarrón con flores robadas y escuchar a Jacqueline du Pré.

Así se sucedieron los días. Aprendí bastante de navegación y visité lugares recónditos. Esto lo podemos dejar para otro día.

Me alegra poder compartir de nuevo estas cosas con vosotras (femenino genérico y que venga la RAE a decirme algo) y seguir adelante con esta parcela virtual de reflexión.

Os abrazo.

*Me autocensuro.

  1. Siento mucho la pérdida.
    Me alegro de leerte y saber que tienes más cosas que contar.
    Hasta pronto!
    Yolanda M.L.
    U abrazo!

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  2. Siento mucho la pérdida.Luz para Rikar y para ti miles de bendiciones desde mi corazón asturiano.Me encantó leerte! Un abrazo!

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