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HACER EL IDIOTA

16.5.16
Llevo dos semanas haciendo el idiota con un grupo de personas estupendo, capitaneado por Vicente Arlandis. Ha sido un taller de creación/liberación/catarsis/descongestión y de descubrir una forma totalmente nueva (para mí) de hacer desde el 'no hacer'. O más bien, de bailar sin pensar y pensar más allá de la razón.
Hemos tenido sesiones de 'teoría' totalmente reveladoras y reflexivas. Como el mismo Arlandis dijo:

"Cuando hablamos de idiotez, no queremos decir estupidez o falta de inteligencia, sino que nos referimos a la singularidad. Clément Rosset, en su ensayo “Lo Real, Tratado de la idiotez”, explica la etimología de la palabra: “tonto significa simple, específico, único (…). Toda cosa, toda persona es tonta en la medida en que es sí misma, en tanto que simplemente existe”. Para Jean-Yves Jouannais, “el arte decisivo de este último siglo y la idiotez son una misma cosa. Moderno e idiota son sinónimos.” (L’idiotie, 2003). Lunático, iluminado o excéntrico, la figura del idiota como transformador aparece a lo largo del siglo pasado en el cine (Herzog, Godard, Von Trier) y la literatura (Gombrowicz, Kennedy Toole), aunque es en el mundo del arte donde el idiota más ha significado, eso sí, no tanto representado como encarnado por el propio artista, confundiendo creatividad y locura, vida y obra. 
El idiota, como el salvaje, ha sido visto como alguien libre de ataduras y de convenciones sociales, lo que les ha convertido ocasionalmente en metáforas y curiosos casos de estudio."

Hacer el idiota supone básicamente romper el sentido establecido de las cosas. Me maravilla porque en ello juega la suspensión de la ética y de las teorías académicas (escapar de lo establecido es algo que llevo muy 'adentro', qué le vamos a hacer), huyendo del Sistema. Hacer el idiota es jugar, pero jugar de verdad. Y eso para todxs nosotrxs, con los códigos sociales (y no sociales) bien aprendidos, es muy difícil.

Hemos bailado y nos hemos centrado en el cuerpo, sin miedo ni presiones, hemos hecho de nosotros un medio para ser libres y expresarnos sin frenos. Hemos revisado trabajos de Erwin Wurm, La Ribot, Robert Filloiu, etc. y he descubierto que ESTO es verdaderamente posicionarse, incluso el incomodar con ello a quienes nos observan, porque esa incomodidad proviene de estar 'situándoles' en un lugar al que no están acostumbrados como espectadores u observadores, una posición que se aleja de lo aprendido y, por tanto, les hace querer escapar, enfadarse, no comprender (y quieren comprender desde la razón condicionada por los protocolos aprendidos) y están incómodos. Producir todo ello, incluso producir lo contrario (sensación satisfactoria de observar que otra forma de hacer las cosas es posible, de querer indagar en lo desconocido y disfrutar de lo que no se comprende, porque nos lleva a otros lugares por explorar), eso es verdaderamente cambiar las cosas. 

Por eso, desde aquí gracias a compañías como 'Los Que Quedan' y a todas aquellas personas que siguen ahí, en el margen, porque quieren, porque saben que esto es necesario. 

Este tipo de propuestas son las que realmente se posicionan. Y esto tiene bastante que ver con el taller que impartimos hace dos semanas en ETSA.TOPIA.

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